Optimismo interior bruto


¿SE CONTAGIA EL OPTIMISMO? (ganadora del concurso de OIB)

A veces, me levanto por la mañana sin muchas ganas…Y si es lunes ya, para qué pensar más. Me “apaño” y me voy al trabajo. Resulta que soy psicóloga en una residencia de la tercera edad.

La gente cuando sabe a qué me dedico dice cosas como: “que triste trabajar con gente al final de su vida”, “cogerás cariño a los abuelos y pronto ya no están”, “son unos cascarrabias”, etc. Pero la verdad, quien dice eso, no sabe lo que se pierde.

Al llegar al trabajo, me pongo la bata. Lo cual lleva a confusiones, ya que los ancianos no entienden muy bien cuál es mi función de psicóloga (la preguntona para ellos) y me sacan unas sonrisas pidiéndome algún medicamento o que les mire un brazo que les pica.

Después, empiezo con las evaluaciones, tanto cognitivas como emocionales de cada uno de ellos y es ahí donde me doy cuenta que son ellos los que más me pueden enseñar. En concreto, hay dos preguntas que me encanta especialmente hacerles, ya que sus respuestas nunca me dejan de sorprender. Son respuestas que me hacen ver lo afortunada que soy aprendiendo de ellos, que me hacen darme cuenta de que son felices y te regalan esa felicidad sin pedir nada a cambio, te trasmiten su optimismo y ganas de vivir.

La primera pregunta es: ¿es maravilloso vivir? Es curioso que he realizado más de 2000 veces ya la pregunta y sólo dos me han dicho que no. Sus respuestas son variadas: “pero bonita, pues claro que es lo más bonito que hay”, “Claro cielo, en la vida hay muchas cosas bonitas”, “sin duda”, “Podría vivir 100 años más” (esto lo dijo una señora de 99 años), “es verdaderamente una oportunidad”, entre otras.

La segunda pregunta es: ¿Te sientes optimista respecto al futuro? Y la respuesta más popular es: “¿y eso qué es?”. Les pongo ejemplos como que es ser positivo, mirar al frente y sonreír, ser capaz de poner ilusión a las cosas o realizar las actividades con ganas, pensar que aún quedan cosas buenas por vivir… Sus respuestas son claras, la mayoría de ellos con los ojos muy muy abiertos como de sorpresa: “pero hija, tú crees que a mis años puedo ser optimista de esos. No, no, yo lo que Dios quiera”, “ah, sí, sí mucho. Si no miramos al frente…nos podemos caer ” (jejeje), “¿el futuro? Madre mía esta chica”. Quizás esté mal redactada la cuestión en sí…

Lo que observo, es que son felices. Visto desde una perspectiva “pesimista” ¿quién podría ser feliz cuando ya ha hecho todo en la vida, habiendo vivido tantas cosas negativas y perdido tantas cosas y personas por el camino?

Y lo que me han enseñado a mí es: ¿y por qué no lo miras desde la otra perspectiva? Después de haber visto todo lo que ofrece la vida, haber disfrutado de tantas cosas y personas diferentes, sabiendo lo que es de verdad el dolor y la alegría ¿por qué no pensar que el futuro puede deparar algo bonito?

En el tiempo que llevo en la residencia, he aprendido que si vemos las cosas desde la sombre de lo negativo vamos a ser infelices siempre pensando que las cosas son quimeras (lo imposible), mientras que el optimismo se basa en el intento, en la utopía (lo improbable en el presente pero posible en el futuro).

Como dice Serrat en su canción: “…son aquellas pequeñas cosas…”. Gracias a mis “abuelos” por mostrarme el lado más positivo de la vida. En especial a mi verdadero abuelo Jacinto.

Y por fin, al llegar a la cama por la noche, me doy cuenta que sin darse cuenta o ni si quiera intentarlo, han sido capaces de transmitirme su optimismo, haciendo que el lunes…ya sea menos lunes otra vez.