El grito. Edvart Munch

Edvart Munch buscaba expresar sentimientos y emociones propias más que la objetiva realidad, mostrando creaciones de gran fuerza sentimental y psicológica a través de composiciones agresivas. Es decir, era expresionista.

Será por  1876 cuando, según pone en sus cuadernos de notas personales, dando un paseo con sus amigos escribió: “Iba caminando con dos amigos por el paseo, el sol se ponía y el cielo se volvió de pronto rojo- yo me paré- cansado me apoyé en una baranda sobre la ciudad y el fiordo oscuro y azul no veía sino sangre y lenguas de fuego- mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza”. Quizás se tratara del preámbulo directo de lo que posteriormente será “El grito”.

Su obra será tan transgresora y crítica que pronto será tildada de  arte demente. Llegando incluso a ser retirada de la exposición de Alemania por el movimiento del nazismo, siendo clasificado como artista degenerado.

Él mismo decía que será su dura infancia la que le haga ser un artista tan peculiar, ya que su madre y hermana murieron cuando él era joven, otra hermana fue internada en un psiquiátrico diagnosticada de trastorno bipolar y su padre tenía una personalidad obsesiva religiosa muy rígida que le marcó. Así, ponía de ejemplo que igual que Leonardo Da Vinci había estudiado anatomía y disecado cuerpos, él intentaba disecar almas.

El párrafo anterior y el movimiento del expresionismo, pueden hacer entender mejor que la mayor parte de su obra tenga relación con lo sentimental y sobre todo con las tragedias humanas como la soledad, la angustia, la muerte y el erotismo.

Por fin, en 1893 creará “El grito”. Cuadro del que él mismo versionará por tres veces más e incluso hará una litografía para que pueda imprimirse en libros y revistas de la época. Y que no dejará de ser objeto deseado para el “amigo de lo ajeno” durante todo el siglo XX.

E incluso en 1961, la prestigiosa revista Times utilizará El grito como portada en una edición dedicada a los complejos de culpa y ansiedad.

Pero es quizás mejor, echarle un vistazo personalmente y ver si ha cumplido el objetivo que perseguía y consigue conmovernos con lo que intentaba mostrar.