El caso de Phineas Gage

     


      En plena revolución industrial en el año 1848, se estaba construyendo la vía del ferrocarril, cuando un joven capataz de 25 años, al manipular una carga de explosivos, sufrió una grave lesión. Una larga barra de hierro atravesó su pómulo saliendo por la parte superior de su cabeza.

       En el momento del accidente, nadie pensaba que el joven pudiera sobrevivir, aunque extrañamente continuaba consciente y hablando.


     Tras unos meses en el hospital, regresó a casa. Las lesiones eran claras: el ojo izquierdo había sido dañado y por unos milímetros le permitió sobrevivir. Aparente y sorprendentemente, sin más secuelas tras recuperarse regresó a su puesto de trabajo, pero…sólo fue aparentemente.


 


     

    La gente que le conocía le definía como alguien muy amable y trabajador, pero a su vuelta, era otro hombre, grosero e irascible. Tanto, que le echaron del trabajo y tuvo que dedicarse a otras cosas hasta el punto de tener que servir de “atracción” junto con su barra de hierro en un museo de Nueva York.


     Pasados 13 años de su fatídico accidente, Phineas falleció a consecuencia de numerosos ataques epilépticos. Conservándose en La Universidad de Hardvard su cráneo, junto con la barra que lo daño.


     Este incidente supuso un descubrimiento a nivel neurológico, observando que cuando se produce una lesión en los lóbulos frontales (zona dañada por la barra) se daña la personalidad. Aunque fue un hallazgo importante, aún hoy en día no sabemos todos los secretos que contiene nuestro cerebro…habrá que seguir investigando.