Las neuronas espejo


Desde que Ramón y Cajal describiera la neurona como la unidad celular del sistema nervioso, han sido millones las investigaciones para avanzar en este campo. Estas células se encargan de comunicar todo nuestro organismo de forma sensorial y motora, son las que transmiten la señal de que nos movamos, quitemos una mano cuando nos quemamos o nos estremezcamos con una caricia por la espalda. También, transmiten información menos evidente para nosotros, como la señal de que tenemos hambre o necesitamos pestañear. Además, de codificar y descodificar otro tipo de información como es el lenguaje.

¿Nunca os ha dado por bostezar cuando veis a alguien hacerlo?, ¿no se te a pegado una risa contagiosa?, ¿no te has encogido y puesto cara de dolor cuando has visto a otra persona hacerse daño? o quizás ¿nunca has sentido la misma emoción o sentimiento que sentía el protagonista en la película que estabas viendo?

Sin ánimo de dar una clase de neurología, sí que me gustaría hablar de un descubrimiento curioso que en estos últimos años está cobrando importancia en el campo de la investigación y que puede hacernos comprender algunas causas de estados como el autismo o el trabajo de gente como los psicólogos.

Se ha descubierto que existen un grupo de neuronas que están ubicadas por todo el cerebro, comunicando zonas del mismo, que se activan no sólo cuando llevamos a cabo una acción propia sino cuando la vemos, oímos o incluso pensamos que otra persona realizando esa acción. Más aún, cuando al ver a la otra persona somos capaces de atribuir intención a lo que está haciendo. Y es con esa atribución que podemos acceder al estado mental que las condujo a realizarla. Estas neuronas serían las neuronas espejo.

Las personas percibimos, intentando entender e interpretar toda la información de nuestro entorno desde el momento de nuestro nacimiento. Imitamos gestos, sonidos, acciones...para aprenderlas, nos resulta adaptativo. Pero será con la destreza que se aprende practicando con la que atribuyamos intención al otro y es aquí donde estas neuronas llegan a la máxima activación.

En estudios sobre el autismo tomando como hipótesis que se trata de humanos incapacitados para la empatía (capacidad de ponerse en lugar del otro) y la interpretación de ese entorno, es decir, con problemas en las neuronas espejo, se está realizando un tratamiento por esta línea de investigación, ofreciendo ya resultados esperanzadores. Imagina lo incómoda que resultaría una relación si no fueras capaz de interpretar las intenciones del otro en ningún momento.

A veces se dice: ¿Tú qué vas a saber? ¿es que has pasado por lo que yo estoy pasando?. Es verdad que no es algo fácil ponerse en la piel de otra persona que está sintiendo, pero...no es imposible. Se puede sentir lo que siente el que tenemos en frente (su dolor, su alegría, su miedo...) y ahora gracias al descubrimiento de estas neuronas se ha comprobado mediante escáner que verdaderamente se activan las mismas zonas cerebrales con la misma intensidad que la persona que está sufriendo esa emoción verdaderamente.

Para quién esté interesado en esta curiosidad existen multitud de artículos académicos publicados, un libro recientemente publicado por Marco Lacoboni o incluso un breve e interesante documental en Redes de Eduard Punset.