Paciente en terapia individual

Florecilla que renace de sus cenizas

       Acababa de tener mi enésima ruptura sentimental, porque era demasiado perfecta para estar con él. Esa fue la última mentira que me destrozó por completo, ya que pensaba que era el hombre de mi vida. Entre sollozos, me refugiaba en los trabajos mediocres a los que podía aspirar, mientras que los exámenes de la universidad cada vez me importaban menos, “otra asignatura más para septiembre”.

     El ambiente familiar era tenso, discusiones por absolutamente todo. Las amistades intentan ayudar, pero en el fondo no podían hacer nada, porque me dejaba aconsejar por personas que eran todavía más negativas que yo. Estaba como en otro planeta, en otra dimensión, llorando todo el día en el sofá, sin tener fuerzas de hacer nada. Mi única escapatoria era hacer deporte, que me encanta, pero ni siquiera quería hacer eso. Así que, uno de esos días viéndome deprimida en el sofá tuve un rayo de lucidez, que en ese momento era bastante difícil y decidí pedir ayuda, pero no una ayuda cualquiera, como te suelen decir “los maravillosos amigos de: bebe hasta que olvides”, decidí llamar a un psicólogo, yo, que pensaba que jamás lo necesitaría, que pensaba que eso es sólo para gente especial. En ese momento yo era especial. Todos somos especiales. Recuerdo que el primer día que acudí, miraba a todos los sitios para que nadie me viera entrar, me daba vergüenza, una vez dentro no podía parar de llorar en la sala de espera, hasta que por fin entré en la consulta. Es como cuando vas al fisioterapeuta aunque en esa ocasión no me dolía una pierna, me dolía el alma, la vida, todo, estaba en un pozo en el que no podía salir.

      Mi experiencia con la psicóloga, fue una de las cosas más importantes que he hecho en mi vida, una inversión que a día de hoy (han pasado dos años) me hace sentir bien, feliz, afortunada de haber vuelto a conectar mi cerebro con mi cuerpo, de haber recuperado mi autoestima, que estaba más abajo del subsuelo, de saber decir NO, de saber elegir parejas, amistades, de saber qué quiero en la vida y qué no quiero en mi vida. Cuando cambié de forma de pensar, quiero decir, que cuando fui una persona más positiva, más alegre, más feliz y sobre todo cuando realmente me quería a mí misma, fue cuando todo lo que estaba alrededor de mi cambiaba, yo pensaba que la gente había cambiado, pero era yo la que había cambiado. Es más, en la actualidad sólo siento agradecimiento a todas aquellas personas que han pasado por mi vida, incluso a aquellas que he odiado, que me han hecho sentir mal y me han mentido en todo salvo en el nombre; Pero sobre todo siento un profundo agradecimiento a mi familia y amistades que siempre me han querido, me han apoyado, han confiado en mi aunque ni siquiera yo lo hiciera.

     A raíz de mi terapia, que prácticamente recuerdo cada “clase” (así las llamaba yo, me lo tomaba como una asignatura, “la de mi vida”), me quedé con ganas de más y actualmente me apasiona leer artículos, libros que tienen que ver con la salud mental, con las motivaciones, con el positivismo, ya que en esta sociedad mediocre en la que todo el mundo se queja por todo, cuando ves a alguien sano mentalmente y físicamente, te das cuenta de que realmente eso es posible, ya que cada uno se pone sus propias limitaciones.

     Esta es una leve pincelada de “alguien especial” que necesitó ayuda en un momento de hundimiento absoluto. Solo decir, que todo lo relacionado con la mente no se soluciona de un día para otro, ni de un mes para otro, siempre es a largo plazo y más importante aún, cuando tú vas a un psicólogo, en el minuto uno, ya sabes si conectas o no con esa persona, no todos conectan contigo, al igual que como he mencionado antes, no todos los fisioterapeutas conectan con las mismas personas, ni todos los peluqueros,…

     Y ya por último creo que todo el mundo debería acudir a un psicólogo alguna vez en su vida, porque como dice un amigo mío: “Todos tenemos nuestras taras”, que tarde o temprano afloran, por nuestras vivencias infantiles y adolescentes. Y por momentos de bloqueo por los que lamentablemente mucha gente pasa. Seguro que más de una persona piensa que: uff, no tengo dinero, cuesta mucho, es una pasta,… yo pensaba así y en el momento en el que acudí, no sé ni de dónde sacaba el dinero, pero sabía que lo necesitaba. Si te paras a pensarlo, te gastas mucho más dinero en otras cosas que piensas que son más necesarias, por eso hay que aprender a priorizar. Si tu mente no va bien, es muy probable que fracases en todo, en cambio, cuando funciona sanamente, no sabes cómo, pero todo siempre sale bien.