La depresión postvacacional

“Antes me cundía más que ahora”

“no sé qué me pasa, pero estoy todo el rato como cansado y no me cunde”

“¡vaya cambios de humor tienes hoy!”

“Estoy como nerviosa, agobiada y soy incapaz de concentrarme con nada”

“Y otra vez a lo mismo, no lo aguanto más”

¿Estás cansado, abatido, apático, con cambios de humor, desgana en general o con dificultades para mantener la atención un tiempo prolongado? Las frases anteriores son algunas de las que decimos sobre todo en este momento del año. Todo esto y algún síntoma más forman parte de lo que popularmente desde hace unos años se ha llamado Depresión postvacacional.

La vuelta a la rutina laboral o escolar es una realidad a la que debemos enfrentarnos tras las tan ansiadas vacaciones.

Para tranquilidad de muchos y desconsuelo de alguno, lo que conocemos como depresión postvacacional, no es más que un término que se ha popularizado en los últimos años. Pero en realidad, no es un diagnóstico clínico que aparezca en ningún libro de salud mental. Será un porcentaje muy pequeño el que necesitará acudir a un especialista para tratar los problemas que surgen en este proceso de adaptación a las obligaciones. Y suele coincidir con aquellas personas que ya de base tenían problemas en su ambiente laboral o familiar.

Es normal que la mayoría de nosotros experimente algunos de estos síntomas con el fin de las vacaciones. Llevamos esperando todo el año ese momento y cuando queremos darnos cuenta ha acabado, además tenemos mucho tiempo para pensar en cómo exprimir hasta el último segundo de las mismas. Luego llegan y cuando queremos darnos cuenta ya es lunes y hay que volver al mundo laboral, entonces empiezan solitos los signos que nos indican que padecemos depresión postvacacional.

Para prevenir, reducir o al menos darle una explicación que haga que la situación se considere como algo más normal, aquí van algunos consejos fáciles de realizar:

1-      No termines las vacaciones el último día que eso es muy brusco, date tiempo para volver a la normalidad haciéndolo de forma más progresiva. Por ejemplo volviendo el sábado en vez del domingo si empiezas el lunes.

2-      Intenta dormir al menos siete u ocho horas y no acostarte tarde. No hace falta seguir el refrán de “a las diez en la cama estés, mejor antes que después”, pero no trasnoches.

3-      El día que vuelvas, tómate un momento para organizar todo ese trabajo que se te ha acumulado aprendiendo a diferenciar lo importante, lo urgente y lo que puede esperar, ya que si te pones como un loco a hacer y hacer sin sentido es probable que los síntomas de ansiedad se disparen.

4-      Dedica tiempo a las actividades de ocio y haz algo de deporte, con andar un poco es suficiente.

5-      Intenta no darle mucha importancia a los síntomas que puedas tener, a veces si decimos mucho que nos duele algo, al final termina doliendo…

6-      No tomes decisiones importantes los primeros días de la vuelta al trabajo.

7-      Piensa de forma más positiva y relajada. Te sorprenderías al ver cómo cambia nuestro propio estado de ánimo e interpretación de las cosas dependiendo de la actitud con la que las enfrentamos.

Y sobre todo, ¡mucho ánimo! Es un proceso de adaptación duro, a nadie le gusta volver a las obligaciones, y menos después de haber perdido la rutina, pero en una semana aproximadamente, la mayoría de los síntomas habrán desaparecido. Si no es así, consulta con un especialista, a veces simplemente saber que la situación por la que pasamos es algo normal, nos ayuda a entenderla mejor. Y si no lo es, mejor ocuparse de solucionarla que preocuparse por tenerla.